José se puso al servicio del plan divino de salvación: se ocupó de la Sagrada Familia, que Dios le había confiado; se hizo siervo atento y providente al cuidar de María y del Niño que llevaba en su seno; defendió la Familia en el momento de peligro. José enseñó a Jesús a caminar, tomándolo de la mano. Jesús vio la ternura de Dios en José, un hombre justo; vio al hombre de fe que sabe mirar con esperanza, porque cree que en medio de las tormentas Dios permanece firme en el timón de la barca de la vida.